La radiación UV es el principal factor ambiental desencadenante y agravante de la rosácea, ya que actúa directamente sobre los mecanismos biológicos de la piel. La exposición al sol estimula la inmunidad innata (TLR2/LL-37), lo que activa el VEGF (factor de crecimiento endotelial vascular) y acelera la formación de nuevos vasos sanguíneos, así como la inflamación neurogénica.
Esta hipersensibilidad también se ve favorecida por otros factores como el estrés emocional, los alimentos picantes, las bebidas calientes, el consumo de alcohol, los cambios de temperatura o el uso de cosméticos irritantes. La rosácea se caracteriza por una desregulación de la inmunidad innata, una respuesta nerviosa excesiva y una inflamación neurogénica que provoca inestabilidad vascular. Todo ello da lugar a manifestaciones clínicas que van desde enrojecimientos transitorios y rojeces persistentes hasta pequeños vasos visibles y, en los casos más graves, pápulas o engrosamiento de la piel.
A estos signos visibles se suman síntomas no visibles como sensación de quemazón, escozor, tirantez y sequedad. La imprevisibilidad de los brotes supone además una importante carga psicológica, que puede derivar en ansiedad, estigmatización social y pérdida de autoestima. Por todo ello, es fundamental cuidar la piel sensible y reactiva con productos expertos de alta tolerancia, desde la higiene diaria hasta el cuidado facial.
Resultados demostrados mediante estudios clínicos